Revista Arcadia de Bogota: A partir de este libro, ya es muy difícil para el mundo ignorar la gran infamia de que han sido víctimas los armenios
No habrá más penas ni olvido
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Consuelo Gaitán reseña ‘El libro de los susurros’ de Varujan Vosganian.
Por: Consuelo Gaitán
Publicado el: 2012-09-12
Soy de lágrima fácil en las películas, pero no en los libros. Creo que la última vez que lo hice fue con Querido Diego, te abraza Quiela de la Poniatowska, en donde la primera mujer de Diego Rivera casi se muere de amor y su hijo, de pocos meses, sí muere literalmente de hambre y frío en París. Y, claro, con algunos poemas el ojo se humedece sin querer. Y precisamente fue la imagen poética de una pareja de enamorados en medio del horror de una caravana de la muerte la que me hizo llorar en este libro. Vosganian, en poco menos de seiscientas páginas recoge las voces de los sobrevivientes de una de las peores atrocidades —pero una de las más silenciadas y desconocidas— del siglo XX: el exterminio sistemático del pueblo armenio por parte de Turquía.
Este político, exministro de Finanzas y Economía de Rumania, pero también un reconocido poeta, ha logrado construir lo que él mismo denomina “un libro identitario para el pueblo armenio. Entre sus cubiertas se pueden encontrar los rasgos definitorios para ese pueblo: las tradiciones, las creencias religiosas, las canciones y los cuentos, los héroes más antiguos o más nuevos, sus melancolías y aspiraciones”. A partir de este libro, ya es muy difícil para el mundo ignorar la gran infamia de que ha sido víctima esta etnia, pues aquí aparecen en carne y hueso seres humanos que fueron sometidos a vejaciones e injusticias que carecían de voz, de nombre o de historia. El autor ha dedicado gran parte de su vida a recoger estos testimonios y a seguir el dictado de quien es el personaje principal del libro, su abuelo Garabet Vosganian, quien le designa la gran responsabilidad de ser el narrador. Porque aquí el narrador ha cumplido la tarea de rescatar del olvido los sucesos que van desde la primera gran matanza en 1895, pasando por la masacre de 1915, hasta la Segunda Guerra Mundial en donde Alemania y Rusia exterminaron pueblos enteros y provocaron el éxodo de más de un millón de armenios. Hay un detalle de extraordinaria hermosura, que relata en qué reposaba el liderazgo de su abuelo: “Para él, los estados de ánimo inciertos eran expresión de lozanía. Por eso sonreía y, como tenía la capacidad y el encanto de sonreír, los demás lo consideraban su líder”.
En alguna parte se dice que “cosas como las que aquí se narran les han ocurrido siempre a gentes de todas partes”, en un tono que quiere a toda costa alejarse de la autocompasión y la victimización exageradas, haciendo de este tono una de las mayores fortalezas de la novela. El gran homenaje y el principio de reparación para quienes han sido aniquilados, es reconocerlos en personajes como los abuelos del narrador, cuya imagen del mundo, sabiduría, generosidad y falta de odio son un ejemplo de grandeza de alma poco comunes. Aquí no se le da en ningún caso la palabra a los verdugos: esa es la mejor venganza. Significativo que el día en que se conmemora la gran matanza de 1915 que duró varios meses, el pueblo armenio haya escogido el 24 de abril, día en que fue asesinado a pedradas el más grande de los poetas armenios, Daniel Varujan, y que se denomina oficialmente Día de la Muerte del Poeta.
Como un recurso narrativo, para introducir un poco de liviandad ante tanto horror, el autor realiza una especie de divertimento formal en donde juega con la idea de que el narrador no es quien se denomina el narrador, que dice ser distinto de quien sería el autor y que a su vez es distinto del verdadero autor del Libro de los susurros. Todo esto para sugerir que verdaderamente cuando se recogen sucesos de esta especie nadie puede atribuirse el título de autor, ni adueñarse de una historia cuyos únicos propietarios son quienes la han padecido.
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