Si no leo, desespero: El libro de los susurros, un libro que susurra a gritos

Careful whispers

El libro de los susurros

Varujan Vosganian

Editorial Pre-Textos 2010

Yo soy, sobre todo, lo que no he podido realizar.

La más auténtica de las vidas que llevo, como un puñado de serpientes anudadas por un extremo, es la vida no vivida.

Soy un hombre que ha vivido lo indecible en este mundo. Y que precisamente por eso no ha vivido.

En El libro de los susurros está prohibido contar las historias en voz alta. Hay que susurrarlas. El libro es una confesión íntima que nos hace el autor sobre su infancia en la ciudad rumana de Focşani y sobre las personas que la marcaron -los viejos de mi infancia, como los llama el narrador – sus abuelos Garabet Vosganian y Sahag Seitanian, así como los amigos y vecinos de éstos. A la mayoría de ellos les une el hecho de ser armenios con suficiente suerte como para huir de Turquía y poder asentarse en Rumanía. Sus historias son el corazón latente del libro de Varujan Vosganian.

El principio es nostálgico y lleno de melancolía. Los recuerdos de infancia con olor a baclava, fruta y café, e imágenes de los viejos que se reunían en el patio del abuelo Garabet bajo el albaricoquero. Conocemos a los zapateros, los tenderos, un vendedor de nugat, al campanero de la iglesia armenia de Fucşani, al ciego Minas y a muchos más. Muelen los granos de café, hojean los álbumes de fotos, Garabet lee libros en varios idiomas… Juntos visitan el cementerio o entran en la tienda de Sahag Seitanian tan repleta de tesoros que parece la cueva de Alí Babá. Hay música, los castaños están en flor. Nos trasladamos a un mundo que ya no existe, un poco irreal y mágico, como en Las tiendas de canela fina de Bruno Schulz:

Seguidamente estaba el olor de los escondites. Lugares ocultos, umbríos o a la vista, pero que en contadas ocasiones se abrían y, más apetecibles, los lugares prohibidos. Sin escondites que revolver, la niñez carece de sentido. En realidad, sólo vale la pena ver lo que está oculto. El olor de los escondites se une al silencio, que también tiene sus olores.

Eso es sólo el principio porque pronto conocemos las historias trágicas de los abuelos aunque la magia de los recuerdos infantiles se interponga al drama. No obstante, con el tiempo el relato se vuelve cada vez más oscuro hasta llegar a los Círculos de la Muerte y hablarnos del camino que anduvieron los armenios expulsados de sus pueblos y ciudades en Anatolia. Los acompañamos en su marcha, enterramos con ellos a sus muertos, vemos a sus hijos hambrientos, giramos las cabezas al ver cuerpos con huellas de mordeduras que no han dejado animales. Más de 300 kilómetros a pie, sin comida ni agua, desde Anatolia hasta el desierto Deir ez-Zor en Siria. Los que sobrevivieron la marcha morían a manos de sus guardias turcos. A veces éstos los dejaban a merced de grupos de bandidos kurdos que merodeaban por allí. Un millón y medio de víctimas. ¿De qué crueldad NO es capaz el ser humano?

El autor mezcla las épocas y lugares. Retrocede hasta finales del siglo XIX para hablar de los primeros pogromos de los armenios, luego viaja a la IIGM y relata la persecución por parte del régimen comunista, habla de los armenios de Fucşani llevados a los gulags o a las cárceles rumanas, de la nacionalización de los bancos y las fábricas, la colectivización forzosa del campo, de las palabras tachadas por censores en las cartas de los que regresaron a la Armenia soviética. El libro de los susurros es también una historia de la lucha y venganza, la historia de la Legión Armenia que llegó con la Wehrmacht hasta Stalingrado y de los que juraron hacer justicia matando a los responsables del genocidio.

Así presentado, el libro de Varujan Vosganian parece rebosar de dramas y sangre. Pero eso es únicamente una parte de la verdad. El escritor rumano nos cuenta historias realmente fascinantes sobre personas normales y corrientes que tuvieron la mala suerte de haber nacido en el lugar y el tiempo del horror. Se centra en algunos objetos olvidados y desde su perspectiva narra las experiencias de sus personajes, en las que busca el siempre frágil equilibrio entre la verdad y las manchas blancas de leyendas y suposiciones. De esta manera nos habla de las armas perdidas del General Dro, el testamento de Hartin Fringhian, la campana de Vadu Roşki donde la Securitate perpetró una masacre de la población en 1957 o de los presagios de la muerte en forma de caballitos de madera.

Vosganian hilvana la narración con mucha destreza, haciendo malabares para contrapesar la inmensidad del genocidio armenio con las imágenes oníricas y sensuales de su infancia. Como él mismo afirma con mucho tino, recordar le trae paz pero se la quita al lector.

El libro de los susurros no es una lectura fácil. Requiere silencio y concentración para poder oírlos todos. Es un relato poético y realista a la vez, dramático pero que también nos saca algunas sonrisas, bello aunque terrorífico. Un libro que susurra a gritos.

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